sábado, 29 de septiembre de 2012

Leales

El sargento Clyde Bowren y el teniente Werner von Haeften

El Diccionario de la Real Academia de la Lengua define la lealtad como el “cumplimiento de lo que exigen las leyes de la fidelidad y las del honor y hombría de bien.” Ateniéndose a esta definición, puede considerarse al sargento Clyde Bowren y al teniente Werner von Haeften como personajes leales, ya que ambos son honorables soldados, que cumplen con fidelidad las órdenes de sus mandos inmediatos, no sólo por la obligación de hacerlo, sino por su convicción interna de que las órdenes son justas y de que están cumpliendo con su deber.

El sargento Clyde Bowren es un personaje de la película Los Doce del Patíbulo (Robert Aldrich, 1967), al que interpreta Richard Jaeckel, un prestigioso actor secundario que brilló en el cine americano de los años sesenta y setenta. Bowren está asignado a una insólita misión: adiestrar a doce reclusos del ejército norteamericano, condenados por diferentes crímenes, para que formen un comando que realice una peligrosa misión: asaltar una fortaleza nazi y matar a los altos oficiales  allí reunidos, siendo el indulto la recompensa. Bowren es la mano derecha del mayor Reisman, el oficial al mando de la operación. Su labor no es fácil, algunos de los soldados son peligrosos y cuesta tenerlos a raya, pero él colabora con su superior en mantener el orden. Sabe que Reisman busca, más allá del éxito de la operación, la redención moral de los integrantes del comando y trata de sacar lo mejor de ellos. Pese a que el Alto Mando los considera prescindibles, Reisman y Bowren no lo creen así.

A diferencia del sargento Bowren, que es un personaje de ficción, el teniente de la Werhmacht Werner von Haeften existió realmente. Encarnado en Valkiria (Bryan Singer, 2008) por el joven y notable interprete Jamie Parker, era un oficial que formó parte de la llamada Conspiración del 20 de julio de 1944,  día en que acompañó al coronel  Staunffenberg, su superior, al cuartel de Adolf Hitler en Rastenburg, donde colocaron la bomba en el bunker en el que el führer iba a dar una conferencia con otros mandos, regresando ambos a Berlín después de la explosión, sin confirmar la muerte del dictador, que sobrevivió al atentado, e iniciando la llamada Operación Valquiria, un plan operativo de las reservas del ejército a ser puesto en práctica en caso de disturbios civiles o de una sublevación de los millones de esclavos que trabajaban en fábricas alemanas, pero convenientemente alterado para arrestar a la jerarquía nacionalsocialista.

Haeften fue un oficial muy leal a Stauffenberg. Desde el momento en que fue puesto a su servicio confió en él plenamente, acatando sus órdenes y ejecutándolas con eficacia. El teniente admiraba la determinación y el coraje del coronel, y cuando fracasado el golpe de estado Stauffenberg iba a ser fusilado, Haeften se colocó delante suyo alcanzándole a él primero las balas del pelotón de ejecución. Un noble gesto, sin duda.

La actuación de los conjurados en el complot del 20 de julio de 1944 ha sido muy discutida. Hay quienes los consideran héroes, pero muchos creen que Stauffenberg, Beck, Tresckow, Olbricht, etc.. simplemente querían desmarcarse del régimen hitleriano ante la inevitable derrota alemana. Uno de los personajes de Valkiria, el general Fellgiebel, le espeta a Stauffentberg cuando éste contacta con él: “No sois más que ratas escapando de un barco que se hunde.”

La honorabilidad no es, por supuesto, un valor exclusivo de los ámbitos castrenses, sino que  se deduce de todas las personas de bien. Es necesario que la sociedad cuente con ciudadanos dignos de respeto y admiración, que se rijan por un código ético. Ya Polonio aconsejaba a  Laertes que “al amigo que te pruebe su amistad sujétalo al alma con garfios de acero”. Seguro que se sentiría complacido de que Bowren y Haefter fuesen amigos de su hijo.


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